En medio del paisaje imponente de La Cocha, donde la niebla abraza la montaña y la vida fluye al ritmo de la naturaleza, el SENA dio inicio al proyecto de Hábitat Rural Sostenible y Productivo en la vereda Romerillo. Esta iniciativa, que se desarrolla en diez comunidades del país, busca transformar la forma de habitar el territorio a través de procesos participativos y sostenibles.
“Estamos iniciando la socialización de un proyecto que busca, mediante la metodología de Investigación Acción Participación (IAP), construir junto a la comunidad soluciones de hábitat productivo”, explicó Eduardo Benavides, instructor del Centro de Telemática y Producción Industrial de la Regional Cauca.
La apuesta no solo contempla el diseño y construcción de un equipamiento comunitario, sino también la generación de capacidades para que las comunidades intervengan su territorio de manera autónoma y sostenible.
Desde la voz del territorio, Gloria Isabel Jojoa Salazar resalta la importancia de volver a los materiales y prácticas ancestrales. “Queremos construcciones biodegradables, que no se conviertan en escombros, sino que regresen a la tierra. Pensamos en el barro, los bejucos, la chacla… materiales propios de este entorno frágil y húmedo”, afirmó, destacando la necesidad de proteger el ecosistema de páramo que rodea la zona.
La comunidad ha respondido con entusiasmo. Para Roberto Jojoa, este tipo de espacios representan una oportunidad para aprender y reconectar con formas tradicionales de construcción. “Antes nuestras casas eran de madera, de bareque, de barro. Eran amigables con el medio ambiente. Hoy queremos retomar ese conocimiento, porque vivir en el campo también es vivir en equilibrio con la naturaleza”, expresó.
El proyecto, denominado Hábitat Biosostenible, pone a la comunidad en el centro del proceso. Así lo señaló Bernardo Chamorro Guevara, quien destacó que el prototipo de vivienda será construido colectivamente, integrando saberes étnicos, tecnologías limpias y energías alternativas como la solar y eólica. “La idea es que las personas apropien esta metodología y puedan replicarla en sus propios hogares, mejorando su calidad de vida con una baja huella de carbono”, indicó.
Por su parte, Gloria Lucero, habitante de Romerillo, enfatizó el valor de estas iniciativas para fortalecer la identidad y el trabajo colectivo. “Somos familias campesinas e indígenas comprometidas con la conservación del territorio. Este proyecto nos ayuda a seguir rescatando los saberes de nuestros mayores y a consolidar la unidad comunitaria”, manifestó.
Así, entre la memoria ancestral y la innovación sostenible, el SENA y las comunidades de La Cocha tejen un nuevo modelo de hábitat, donde construir también significa cuidar, aprender y preservar la vida en todas sus formas.




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